Mi amiga Ana

Aclaración: es un texto de ficción, cualquier parecido con la realidad, será pura coincidencia.

Mi primer sentimiento sobre Ana fue de envidia. Yo estaba en una empresa de GPS hacía unos meses y habíamos hecho algunos viajes a Chile y Brasil, pero ella apenas ingresó a la empresa la mandaron a Chicago, Estados Unidos, la ciudad del viento, la ciudad de Michael Jordan, de los Bulls, la que soñaba con visitar.

 Ana era una chica muy acelerada, muy inquieta, muy habladora y además caradura. Era de zona norte del Gran Buenos Aires y tenía ese acento que solo los que viven en Buenos Aires podemos diferenciar casi hasta por localidad. Básicamente los que más se diferencian son los de San Isidro y Vicente López por hablar casi con la boca cerrada. Su familia era la clásica familia de clase media alta de Don Torcuato, un padre ex jugador de rugby de Alumni, su hermana y ella ex jugadoras de hockey sobre césped, dos clásicos deportes de los clubes de alto poder adquisitivo, por lo menos hasta ese entonces. Había estudiado y se había recibido de agrimensora en la UBA, una carrera que en parte la había heredado de su familia, pero su vocación y su amor estaban en el arte y la actuación.

 Era muy fácil hablar con ella, porque prácticamente se la pasaba hablando con todos. No paraba nunca. Mis charlas con ella giraban en torno a la música, a Radiohead, el jazz y alguna otra banda en común. Por lo general, como era una empresa nueva y teníamos que hacer buena letra éramos muy aplicados y solo nos poníamos a charlar en los tiempos de descanso, unos 15 minutos que nos tomábamos yendo al patio para hablar de cualquier cosa. Ella sacaba tus cigarrillos y con el pucho en la mano y tirando el humo para arriba empezaba a filosofar. A mi me encantaba la facilidad con la que se le ocurrían las ideas, pero a decir verdad me disgustaba bastante lo del cigarrillo, pero como estábamos en un lugar al aire libre, en un patio super amplio ahí en Puerto Madero, mucho no me podía quejar. Hay ciertas personas que hablan mucho y me resultan insoportables porque sus palabras con tienen contenido alguno. Con ella era diferente, porque las charlas siempre resultaban interesantes, te hacían pensar, te hacían carburar el cerebro, te hacían formar una opinión estes o no estés de acuerdo con ella. Sea como sea, hablando con ella siempre iba a ser entretenido el diálogo.

  Yo por ese entonces no tenía pareja, pero aprovechaba la ocasión para conocer a cuanta mujer que me resultara atractiva. Ana estaba de novia con Pico, un compañero de otro trabajo anterior, también agrimensor como ella. Ella era flaquita, chiquita, pelo a los hombros castaño claro, ni ondulado ni lacio, muchas pecas y unos ojos difíciles de descifrar porque con el clima cambiaban de color y con los lentes que usaba se hacía difícil verlos.

 El trabajo que teníamos consistía en hacer trabajos de oficina por la mitad del tiempo, y la otra mitad hacer salidas con el auto, por lo general en parejas. La primera parte del año nos tocó el gran Buenos Aires y era bastante aburrido. Casi no recuerdo haber trabajado con ella. Al final del primer año en la empresa empezó lo bueno. Nos hacían viajar por una ruta para grabarla y tomar datos. Mi primer viaje con ella fue hasta Bahía Blanca, por la ruta Nacional N 3. Teníamos 8 horas de charla en el auto aseguradas. La mayor parte era para trabajar, pero en el medio intercambiábamos el diálogo personal. Ella manejaba bastante bien. Ya en el primer tramo, casi llegando a Tres Arroyos, se dio una conversación:  – Maxima 80 (nos teníamos que cantar todas las señas de carteles). Che, Lean, te tengo que contar algo.  Decime Ani.  Petrol station to the left. Corté con Pico. Ya no va más.  ¿Posta? ¿Decís que no van a volver?   Maxima 120.  No, Lean, ya fue, no la siento, quiero otra cosa. Es re triste, Pico es un re pibe, pero no, ya no va más. Churchill to the right. 

 Esa noche paramos en Tres Arroyos a pasar la noche. Yo ya había buscado una chica en las web de citas on line para verla esa tarde, pero no me pregunten como fue, la cosa es que terminé yendo a la cita con Ana. Éramos tres. Charlamos un rato, conocí a la chica de la cita web que no era muy agradaciada, tomamos algo y nos volvimos cerca del alojamiento a cenar y a dormir. En la cena Ani me pregunta: ¿Qué onda boludo? ¿Vos te querés coger una chica en cada pueblo? ¿Qué fue esto de verse con una mina que nunca viste en tu vida en medio de un viaje de trabajo? Yo no sabía que decirle. Las hormonas, que se yo, no sabía que decirle.

 Esa noche nos tomamos una botella de 3 cuartos de vino tinto y hablamos de todo. Llegamos entonados a las habitaciones del hotel. Mi habitación estaba al lado de la suya. Antes de entrar a mi habitación Ani me para. ¿Querés ver una peli en mi compu? Me dijo.   Dale, sí. Acepté la invitación y fuimos a ver una peli, en blanco y negro y bastante lenta tirados en la cama de ella. Terminó la peli, la saludé y me fui a mi habitación a dormir. ¡Yo soy un pelotudo dormilón! Pensaba mientras caminaba para mi habitación.  Las otras dos noches no hubo vino, ni tensión, ni nada, así que pasamos por Monte Hermoso, llegamos a Bahía Blanca, volvimos a Tres Arroyos y finalmente volvimos a Baires.

  Otra vuelta fuimos a Mendoza, de a cuatro, con dos amigazos y ella. Fue el viaje perfecto. En el trabajo éramos como 15, pero si hubiese tenido que elegir tres personas con las que irme de viaje, eran ellos tres. Con Santi, mi compañero chileno, teníamos muchas cosas en común; el también era geógrafo, también le gustaba mucho la música e ir a cuanto recital haya sobre la tierra y a decir verdad, también le chupaba un huevo que tan bien se haga el trabajo. Los dos sabíamos que lo importante de ese trabajo era disfrutarlo, por eso nos tomábamos todo bastante a la ligera. Luciana, mi otra compañera, era amiga de la facu desde hacía muchos años, era la persona que más conocía y quien más me conocía a mí. Ella era la persona en la que más confiaba, la que sabía que me iba a poder ayudar en lo que sea en el trabajo si algo me pasaba, por eso me sentía muy cómodo trabajando con ella. Y con Ani mi relación era de una hermosa tensión. No tensión sexual, sino esa tensión de que siempre íbamos a tener algo de que hablar. Hasta a veces nos enojábamos y todo. Yo cuando me hinchaba las bolas de ella le recriminaba que ella se prenda un pucho en medio de la cena, entonces toda la conversación pasaba a ser si estaba bien o no fumar en medio de la cena, a pesar de que estemos en un restaurante al aire libre.

  Al año siguiente me dijeron que tenía que hacer un trabajo con ella de tres semanas en Porto Alegre. Yo venía de un viaje por Centro América y tenía la cabeza en cualquier parte. Ana venía de otro viaje con la empresa por Brasil y había mezclado sus vacaciones también por ahí en Rio de Janeiro. En el medio la habían robado y había tenido mil aventuras, así que temas de conversación íbamos a tener seguro. Tres semanas solo con ella y muchos compañeros brasileros que nunca habíamos visto. De lunes a viernes había mucho trabajo para hacer, así que a la noche solo nos quedaban fuerzas para ir a comer algo por ahí cerca y volver a descansar. Después del trabajo nos íbamos al gimnasio un rato, nos bañábamos y salíamos a comer. Solíamos ir a un restaurante griego que quedaba cerca. A ella le gustaba elegir musaka, un plato parecido a una lasagna vegetariana.  Los fines de semana aprovechamos para conocer Porto Alegre y su movida artística. Ahí pude entender mejor el amor que ella sentía por el arte y la actuación. Fuimos a ver unas obras de danza y arte que a mi me dejaron asombrado y a ella también. Por la noche salíamos a tomar algo. A veces tomábamos un poco, y otras veces tomábamos más. Esa noche habíamos tomado muchas cervezas.  Nos tomamos un taxi y como el conductor nos vio cara de argentinos y de borrachos, quiso estafarnos. En vez de ir recto al hotel comenzó a doblar y dar vueltas para hacer el viaje más largo y cobrar más. Yo me di cuenta y se lo recriminé. Cuando se me sale la cadena puedo decir cualquier cosa. Ya estábamos llegando al hospedaje y comencé a putear al taxista indirectamente. Le dije a Ana en español. Me da por las pelotas estos taxista de mierda que se creen que porque llevan turistas pueden hacer lo que se les canta el culo. Es obvio que el taxista escuchó, y la cosa se puso un poco tensa. A pesar de eso llegamos al hotel. La cifra era el doble de lo que nos cobraban habitualmente. Empecé a putear al taxista y el tipo me miraba con cara de querer pelear. Ani trató de calmar la situación, le dio rápido el dinero al taxista y bajamos del taxi. Yo seguía recontra caliente. Había una botella de vidrio en la calle. Mientras el taxi se estaba yendo agarré la botella y se la tiré al auto. Creo que no le alcancé a pegar. ¡¡¡¡Para loco!!!! Me dijo Ani, y me abrazó para contenerme. Si sangre hervía fuego, latía fuertísimo, pero la tenía a Ani abrazándome y eso hizo que mis decibeles bajaran y salga un atisbo de sonrisa de la comisura de mis labios. Creo que en ese momento fue cuando más la quise. Ella siempre tenía un novio, un chongo diferente o algo, así que nunca intenté algo con ella. Pero la tensión existía. Yo también siempre tenía una chica, un alguien o algo así, por eso tampoco era fácil descifrarnos. Lo nuestro era una amistad con derecho a tensión, pero solo eso.  Pasamos 3 semanas trabajando juntos en Porto Alegre, cenando juntos todas las noches, hablando de un montón de cosas y después nos volvimos a nuestro Buenos Aires querido.

  Después hicimos otros viajes por Brasil, fuimos a Córdoba como un mes, volvimos a Brasil y en algún momento me cayó la ficha de que el trabajo que tanto amaba había llegado a su fin. Lo que más me dolía, además de que sea un trabajo que nos hacía viajar por todo el país y por Sudamérica, era que iba a dejar de ver mis compañeros, que se habían transformado en mis amigos. Los podía ser viendo por fuera del trabajo, pero no era lo mismo.

 Renuncié a la empresa y me fui de viaje al Sudeste asiático. En el medio de mi viaje supe que Ani también había renunciado al trabajo para dedicarse a su gran amor; el arte y la actuación. En realidad, con el arte apenas le alcanza para vivir, pero gracias a que tenía la firma de agrimensora, hacía los trabajos mínimos e indispensables para poder tener un ingreso que le permita seguir haciendo lo que amaba. Cada vez se fue metiendo más en el arte. Primero haciendo luces, pero después también actuando ella.  Poco a poco todos los rumbos de los compañeros de la empresa de GPS se fueron abriendo. Uno se fue a dar la vuelta al mundo con un auto, otro se hizo cura, otra locutora, otros consiguieron otros trabajos y se dedicaron a eso. Muchos tuvieron pareja, tuvieron hijos y formaron familias.  Santi, mi amigo chileno que también lo vi en el Sudeste asiático, se casó y nos invitó a la fiesta. No fuimos todos, pero si unos cuantos de la empresa de GPS. Ahí estaba Ana. Hacía bastante calor y ella había ido con un vestido blanco con flores que dejaba al descubierto los costados de sus blancos pechos.  Cuando no hay ropa y hay mucho alcohol las tensiones se refuerzan. En un momento de la tarde, ya con mucho alcohol sobre nuestros cuerpos, se me acerca Ana y se me pone muy cerca. – No entiendo como nunca estuvimos juntos nosotros, le dije.

Ella, borracha, con una mano en el trago y otra sobre mi hombro me dice con las palabras que se le trababan por su estado etílico; – El problema es que fuiste un dormilón.  En Tres Arroyos estaba entregadísima y vos dormiste. Te dije que había cortado con mi novio y vos me hiciste ir a una cita con una mina que ni conocías. Después te invité a pasar a mi habitación con la excusa de ver una película y vos no hiciste nada. ¿Qué querías?  ¿Qué me saque la ropa y me suba arriba tuyo para que entiendas?    Yo no pude más que reírme por su manera de hablar. Ella me miró, primero seria, y después también se empezó a reír. ¡¡¡En serio boludo!!! ¡¡¡Fuiste un dormilón!!!

Una de las ultimas veces que la vi en Buenos Aires, nos invitó a una obra de teatro donde ella actuaba. Creo que se llamaba “La cuna vacía” o algo así. No sabía bien cuál era su papel. Era sobre un tema de desaparecidos en la dictadura e hijos robados. La escena en la obra era toda oscura, y la mayoría de las personas eran mujeres desnudas y por la poca iluminación no se les veía bien el rostro. Había 10 mujeres desnudas en el escenario, una era ella, pero como no había mucha iluminación no sabía distinguir bien quien era ella. Me pregunté si era necesario tratar de distinguir quien era ella. Quizás por sus pecas en el pecho, quizás por los músculos de las piernas producto de su actividad en el hockey. Quizás por sus brazos flaquitos. Daba un poco igual, ahí estaba ella. Tratar de erotizar o distinguir un cuerpo de mujer en una obra de teatro no tenía ningún sentido. Cuando salió de la obra fuimos a tomar unas cervezas con un amigo y ella y la sentí transparente, abierta, entregada a su amor por el arte. Que lindo era verla así.

 Al tiempo hizo muchas otras obras de teatro y se fui a México. No sabía si temporalmente o para siempre. Pasaron los meses y seguía en México. Se había incorporado a un grupo de teatro y con una obra habían ganado una beca para presentar la obra en Europa. Alquiló su monoambiente de Vicente López y se mudó temporalmente a un monoambiente lleno de plantas y vidriado, enfrente del Parque de Chapultepec en la ciudad de México.

 Yo me puse de novio y al tiempo hice un viaje a México. Le dije de vernos, pero entre que ella es una colgada, que yo estaba con mi novia, que mi novia mostró un poco de celos cuando le dije que quería ver una amiga, que tenía poco tiempo, que no estábamos cerca y que había comenzado a llover y no se que otras cosas, no nos pudimos ver. Después me fui de México y solo seguí sabiendo de ella por Facebook, Instagram y mensajes. Que le iba bien con el tema del teatro y la actuación. Que su viejo y su hermana la habían ido a visitar a México. Que su obra de teatro es un éxito. Que Poggi, su amigo y compañero de teatro, la está rompiendo. Que Ana sigue haciendo locuras. Que extraña mucho a su mamá que falleció cuando ella apenas era una veinteañera. Que extraña mucho al papá, que está en Buenos Aires. Que volvió a Buenos Aires para ver a sus seres queridos porque sin el amor de ellos no puede seguir. Que se volvió a México. Que su sonrisa y la de la madre eran las mismas. Que el Tone es lo más grande que hay. Que le va excelente con su vida artística, pero que extraña mucho a mama que no está y a la hermana y el papá que están lejos. Que por suerte volvieron a visitarla a México. Que el papá es todo todo todo. Que lo va a extrañar porque se volvió para Argentina. Que salió nuevo viaje por Europa. Que el papá está mal. Que el papá se fue de viaje a las nubes. La puta mierda. Que ahora los extraña a los dos que están juntos en el cielo. Y ahí todo cambió.

 Ani se volvió vulnerable. Extrañaba a horrores a su papá. Uno de cada cuatro posteos estaba dedicado a él. Pero la vida debía seguir y el teatro, el arte y la actuación la salvaban del desastre. La vida es demasiado difícil para pasarla sin amor. Ella se refugiaba en el amor que le ofrecían todos los que tenía cerca, porque era imposible no quererla. Ella aceptaba ese amor, a pesar de que solo quería el amor de los que ahora ya no estaban. Pero no quedaba otra que seguir, así son las cosas. Se aferró a sus causas, su feminismo, a sus luchas, a sus amistades, a su trabajo, y siguió. Yo seguía sabiendo de ella, pero como con cualquier persona que uno deja de frecuentar, mis conversaciones con ella casi se hicieron nulas, solo una vez muy de vez en cuando. Como toda persona que pierde a seres queridos, su semblante cambió. Seguía siendo ella, pero a la vez se notaba cierta oscuridad en su expresión en ciertos momentos. Es que eso es común, todos cambiamos y todos amamos, e inclusive amamos más a los que ahora ya no están. Y ahí todo se hace más difícil.  

 La loca linda que había conocido en Puerto Madero en una empresa de GPS ahora estaba en la ciudad de México, entre obras de teatro, mucho arte y solo por lo que a mi me parecía, con unos subibajas emocionales dignos de una persona que siente y sufre más de la cuenta. Estoy seguro de que esa era la mejor forma que ella podría ser feliz, completamente seguro. Creo que eligió el camino correcto y estaba haciendo lo que tanto amaba, que era vivir del arte. Cada obra nueva que hizo la rompió. De pronto la veía super feliz y bella en las fotos. Y en las siguientes fotos la notaba introspectiva. Sus obras polémicas, pornos, chocantes, con mucho poder visual, no dejaban tranquilo al espectador. Todo estaba yendo bien arriba en cuanto a sus obras, estaba a punto de estrenar una super obra que había hecho con todo el amor del mundo, hasta que la pandemia llegó y además vino con un quinto metatarso roto. Pudo estrenar su obra y después vino la debacle.

 En el último tiempo se que se fue a Colombia a presentar una obra y que eso le trajo mucho amor, reconocimiento y aprendizaje. En este último año vivió en 9 casas diferentes y tres países distintos. Tuvo el peor accidente de su vida y a causa de eso pasó mucho tiempo en la cama. Volvió a estudiar. Enterró proyectos y creó nuevas ideas. Aprendió muchas cosas; que sola ya no puede a pesar de estar convencida por muchísimos años de que sí, que el paso del tiempo la obsesiona, que es indiscutible e ineludible. Que quisiera ser auto suficiente, pero ahora se considera alguien codependiente.

 Con el fin de año se cortó el pelo y se puso reflexiva. Su último posteo del año 2021 fueron cuatro fotos de ella, transparente, frágil, reflexiva, fuerte pero sensible. Primera foto, ella en pollera negra y en tetas, con su pelo cubriendo sus pechos. Segunda foto, ella en pollera negra mirando hacia abajo, tomándose el pelo, con vegetación de fondo. Tercera foto, ella mirando a un costado, tomándose las tetas, desnuda, con sus pecas sobre el pecho. Cuarta foto, ella tapando sus pezones, más linda que nunca. Eso es crecer con altura.

Miré el posteo y me emocioné. Soy de lágrima fácil yo. Se me escaparon algunas lágrimas. Pensé en ella. En sus sentimientos. Empaticé con ella. Pensé en la madre, en el Tone, en su hermana, en Colombia, México, Europa, Brasil, en sus obras de teatro. Le escribí un mensaje por Instagram diciéndole que me había gustado su ultimo posteo y le pregunté si no escribía. Me dijo que no, que sus años estudiando para ser agrimensora le habían acortado el poder de imaginación para escribir. Le pregunté si podía escribir sobre ella y me dijo que si, que encantada. Dejé pasar navidad y al otro día me puse a ver si me salía alguna palabra sobre ella. En Buenos Aires hace un calor que raja la tierra. Me levanté, puse el ventilador, me hice unos mates y comencé a escribir sobre mi amiga Ana. Pensé que iba a escribir unas líneas y me iba a ir a la pileta, por eso me puse la malla. 5 horas después, acá estoy escribiendo mis ultimas líneas. Le dije que cuando venga para Buenos Aires la iba a abrazar mucho. Dejo esto y me voy a la pile. Buenos Aires está hecho un horno.

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