Mi paso por la UBA

El destino me hizo decidir

En 1997, Con 17 años y una vez terminado el secundario, tenía que decidirme por seguir una carrera. Me había anotado en el profesorado de educación física y en la carrera de geografía, pero llegado el mes de febrero todavía no sabía que carrera seguir.  Mi hermano gemelo había hecho lo mismo que yo; se había anotado en educación física y en una carrera de la UBA (Diseño), pero como justo se sacó el hombro antes de comenzar el examen de ingreso al profesorado, directamente se decantó por la carrera de la UBA.  A mi increíblemente, crease o no, me pasó lo mismo que a mi hermano con 1 mes de diferencia. En marzo, mientras hacía la pretemporada de básquet con la primera de Defensores de Banfield, se me salió el hombro en medio del entrenamiento y pasaron 4 horas hasta que se pudo colocar nuevamente. El mango rotador quedó roto y las posibilidades de hacer el examen de ingreso en educación fisica y las de jugar ese año al básquet se fueron por la borda. Así que por descarte decidí empezar la carrera de geo.

CBC

Comencé la carrera yendo al CBC de Avellaneda. Yo no era un super estudiante, pero de vez en cuando tenía arranques de lucidez. Mi primera materia, Pensamiento Científico, terminé con un 10 (puntaje máximo), aunque después casi no volví a tener esa nota en toda la carrera. El CBC es el famoso “filtro” que le dicen, porque es el primer año de casi todas las carreras de la UBA con materias relativamente comunes a entre todos, con especificidades según orientación.  Mi paso por el CBC fue relativamente fácil, con el único inconveniente de que la materia que más me gustaba, Sociedad y Estado, terminé con 6, después 6 y terminé en un final donde tenía la cabeza claramente en otra parte y no pude concentrarme en aprobar.  Definitivamente el estado mental (y sentimental) jugaría un papel fundamental a la hora aprobar y desaprobar materias durante toda la carrera.

Primer año, bienvenido a Filo

Mi primer año en la facultad me sentía en las nubes. Sentirme universitario me sentaba muy bien y la facultad me provocó un enorme impacto. Carteles de agrupaciones políticas, frases del mayo francés del 68 en las aulas, el espíritu de Marx en todas partes, mucha onda bohemia, intelectual, ambiente relajado, muchas chicas lindas por todos lados. Era el lugar ideal. Como tenía tiempo libre me anoté en 4 materias, el máximo que se podía, por lo que iba a clases todos los días y ya desde el primer año me enamoré de pasar el tiempo en la facultad. En mi casa podía leer, pero a veces me desconcentraba, entonces decidía que era mejor ir a la biblioteca de la facu en el subsuelo y así me concentraba un poco más.

De Banfield a Caballito todo el tiempo

La facultad de Filosofía y Letras de la UBA queda sobre la calle Puan (algunos apodan a la facu como Filo o directamente Puan). Ahí se dictan 9 carreras, entre ellas Historia, Antropología y Geografía, carreras que deberían estar en Sociales, pero para equilibrar la cantidad de carreras por Facultad las pasaron a Filo. Así que Caballito se convirtió en mi segundo hogar.

Para ir a la facu tenía todo cronometrado. De Banfield a Caballito, (Tren Roca mediante y subte, bajándome en Estación Mitre, línea E) tardaba exactamente una hora. A la vuelta no importaba cuanto tardase, solo importaba llegar al último tren de las 00 40.  Ese primer año estaba casi todos los días, a veces desde las 3 de la tarde y a veces me quedaba hasta las 11 de la noche, el horario de finalización de las materias de la noche y el horario de cierre de la facultad. Por suerte un compañero del sur, el David, iba en auto y a veces nos alcanzaba a mi y a otros en la vuelta a casa.

GEO TODO

A todo le agregamos el prefijo geo.  El primer año que hicimos un viaje al que apodamos Geoviaje. Luego hicimos fiestas y las apodamos Geofiestas. Después hicimos encuentros de estudiantes de geografía y los apodamos geoencuentros.  Y como armamos un grupo de estudiantes, debíamos apodarnos de alguna manera, y nos auto apodamos los geopibes. Posteriormente llegarían nuevos estudiantes a los que apodaríamos geonuevos y nosotros terminamos siendo los geoviejos. La geografía estaba metida en nuestras venas.

Materias con nombres increíbles

Como toda carrera universitaria, Geografía tenía 6 materias del CBC, más 24 materias (más 6 niveles de idiomas), más la tesis o seminarios de tesis. La variedad de materias que uno tenía para elegir era abismal (más de 80 materias para elegir de las cuales solo había que hacer 24), por lo que uno haciendo la carrera podía salir siendo geógrafo físico, ambiental, social, político, económico, filosófico, profesor, cartógrafo o infinidad de ramas en las que cada uno desee continuar. Apenas vi todo el plan de estudios me quedé maravillado con el nombre de un par de materias: “Geografía social Latinoamericana”, “Geografía urbana”, “Climatología”, “Geografía Física Argentina”, “Geografía de la circulación”, “Planificación y ordenamiento territorial”, “Problemas territoriales” y un montón de nombres más que me parecían increíbles. No podía esperar para hacerlas todas. Cuando uno hace algo con pasión nada le puede parecer pesado ni aburrido.

Esos pequeños lugares encantados de Filo

La facultad es bien bien fea. Es una ex fábrica de Nobleza Piccardo convertido en Edificio con aulas donde uno puede ver claramente los ladrillos sin revocar utilizados para separar espacios y crear aulas, la creación de nuevas aulas en medio del pasillo (con columnas en el medio), aulas que se fueron creando, utilizando el producto de la imaginación y con el resultado final espantoso, pero a la vez querible. Aún así, la facultad tenía espacios que uno los apreciaba mucho, como el hecho de ir a un barcito a tomarte un café y una medialuna mientras terminabas de leer algún apunte, o el entrañable patio de la facu que servía de punto de encuentro y de charlas y cervezas por la noche. Además, las aulas tenían su numeración y algunas tenían nombre. Abajo estaba “Boquitas pintadas”, en el primer piso estaba la 108 , en segundo la 218 y en el tercero la 324, apodada posteriormente “José Martí”. Esas eran las tres aulas magnas.  Esta última se usaba para los teóricos de Historia social y General, quizás la materia más famosa de toda la facultad. La 108, 218 y la 324 se intercambiaban para deferentes actos o eventos ya que eran las más grandes.  Lo gracioso de una de esas aulas (la 108), es que era una salón que adentro contenía otra aula. Es decir, que para ir a un aula, debías atravesar otra por dentro. Esas cosas hermosas creo que solo pasan en Filo. En esa subsala hice una materia extracurricular sobre “Clásicos de la sociología” durante un cuatrimestre a cargo del profesor Pichinini. Adentro de esa aula había un piano de cola.   Al fin y al cabo, ya llegaba un momento en que la carrera pasaba un poco a segundo plano y lo importante era llenarte de conocimiento crítico. Por eso además de las materias hice muchos más cursos extracurriculares de temas muy interesantes. Eso fue lo más importante que me dio Filo.

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MITAD DE CARRERA

Transcurrida más o menos la mitad de la carrera sabía que Filo estaba siendo gran parte de mi vida. Iba bien temprano y me quedaba hasta muy tarde. Además de mis estudios, Caballito también era el lugar donde estaban mis amistades, mis novias que tuve en ese momento y también el lugar donde pasaba una vez que me iba de la facultad, porque muchas veces nos quedábamos a comer en casas de amigos que vivían cerca o nos íbamos a algún bar o algún restaurante a comer después de clase. Así fue como La verdulería se convirtió en un punto de encuentro antes de clase para compartir una cerveza antes de entrar al aula y el club portugués se convirtió en nuestro restaurante favorito para comer algo después de clases.

En la carrera no me fue ni mal ni bien. Mi primer nota de Geografía fue un 10 y mi segunda nota fue un 2. Así de irregular eran mis exámenes. Terminé con un lastimoso promedio de 6 y algo, por debajo del promedio de 7 que por lo general se necesita para postular a becas. Mis exámenes orales eran un verdadero desastre. Me llevo mucho mejor con la palabra escrita. En líneas generales, me costaba un poco ese lado perfeccionista del ámbito académico, me me gustó mucho atravesar el período universitario. La verdad es que es una carrera en la que hay que hay que disponer bastante tiempo para leer, comprender y poder analizar un espectro de temáticas muy diferentes.

Últimos años

Los últimos años ya dominaba la facultad como mi propio territorio. Conocía cada pasillo de memoria. Sabía hasta el gusto de café de todos los pequeños lugares donde lo vendían a lo largo y ancho de Puan. Sabía los horarios de congestionamiento de los pasillos, de las fotocopiadoras, de las escaleras. Sabía que los jueves a las 7 de la tarde era el horario donde más congestionamiento había en la puerta y en los patios de Filo y sabía que si me quedaba el viernes a la noche dando vueltas por Filo siempre algo bueno iba a terminar ocurriendo. Una fiesta en el patio de Filo, una salida inesperada con gente que sale de clases o lo que surja.

Además los intercambios ideológicos y los movimientos políticos habían penetrado en nuestras venas. Todos los años se debían elegir representantes estudiantiles para la carrera y para la facultad, y lo que antes lo tomábamos como algo que queríamos evitar y sacarnos de encima, en los últimos años mis propios amigos y compañeros terminaron siendo los representantes estudiantiles de la carrera, por lo que hacer política y hablar de política partidaria se volvió algo casi inevitable.

Fin de carrera

En un momento terminé de cursar un seminario y me di cuenta que ya no me quedaba nada por cursar (aunque me quedaban trabajos y materias por aprobar). En ese momento me di cuenta que ya no era necesario seguir yendo a Filo y me agarró como una especie de angustia existencial que la tuve que atravesar no sin la ayuda de mi psicóloga del momento. Mi lugar de pertenencia se había esfumado y ya no tenía otro lugar donde refugiarme. Debía conseguir trabajo a tiempo completo que me de algo de dinero (y no pasantías gratuitas) y terminar la carrera. Fue difícil desapegarme de Filo, costó, pero con el tiempo dejé de ir y pude atravesar esa etapa final.

Salida laboral

Ya desde el comienzo de la carrera la mayoría nos preguntábamos de que íbamos a trabajar si terminábamos los estudios. Por suerte había algo que eran los SIG “Sistemas de Información Geográfica”, que contenían esa palabra mágica, así que muchos nos agarramos de esa palabra y esa herramienta para poder comenzar nuestros primeros pasos laborales, por lo general, primero trabajando gratis en el IGN para aprender GIS y luego en algún lugar donde aplicarlo y que paguen algo.

Mi primer año después de terminar la carrera comencé trabajando en…. un call center, explotado por 2 monedas, como todos. Después conseguí algo SIG gracias a una compañera de la facu, y una vez que ya uno tiene un primer trabajo, lo siguiente va siendo más fácil porque es ir buscando y eligiendo mejores opciones, pero sabiendo que ya algo se tiene.

Después de un viaje por Sudamérica por unos meses, pude tener ese último envión para escribir y aprobar mis últimos seminarios de graduación. Finalmente terminé la carrera, allá por finales de 2006. Dos años después fui a buscar mi título de graduación que conservo con muchísimo aprecio.

Hoy por suerte puedo trabajar en algo relativamente relacionado a lo que estudié y lo mejor de todo es que gracias a mi título de licenciado en geografía se me paga un porcentaje extra nada despreciable en mi recibo de suelgo. Gracias UBA, gracias Universidad gratuita, gracias educación pública de Argentina!.

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