Entre Lencois

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Llegado a Belen tenía que decidir que hacer. Mi amigo Guille había sido terminante: – No podés pasar por ahí sin conocer los Lencois, es algo único. La verdad es que ir para Sao Luis quedaba medio trasmano en el Camino Belen- Fortaleza, pero me desvié y me fui para ahí. Para el que no sabe portugués, lencois significa “sabana”, haciendo referencia a la suavidad del paisaje, comparado con unas sábanas en la cama.

Sao Luis de Maranhao

No se si fue porque venía de dormir 4 días en hamaca, pero al llegar a Sao Luis me pareció de lo más bella. Es una ciudad colonial, con arquitectura del siglo anterior, calles adoquinadas y un estilo como el Pelourinho para los que conocen Salvador Bahía, solo que mucho más tranquila. en 1997 fue escogida como Patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO por su arquitectura colonial y en 2012 obtuvo el reconocimiento de Capital americana de la Cultura. Al ser la sede de muchas universidades se convirtió en una ciudad de jóvenes, por eso las tardes irradiaban de gente en las plazas tomando algo y conversando. Me sorprendió gratamente, pero como yo siempre estoy apurado quizás no la disfruté como se debía. Mi objetivo era conseguir rápido un tour para ir al otro día a los Lencois, porque solo no se podía. El tour consistía en ir hasta un pueblo cercano llamado Barreirinhas, dormir por la noche, y salir al otro día a disfrutar del Parque Nacional.

Parque Nacional dos Lencois Maranhenses

La noche en Barreirinhas estuvo tranquila, expectante de lo que podíamos llegar a ver al otro día. Lo único que quería es que no llueva, porque sino las cosas podían llegar a complicarse o inclusive a cancelarse.

El parque son más de 150 mil hectáreas, en su mayoría formados por dunas, pero que también tiene manglares y restingas. Salimos bien temprano por la mañana y después de unas horas en vehículos 4 por 4 llegamos a un lugar donde todo, absolutamente todo lo que se veía era dunas y lagunas. Solo dos lugares me dieron esa sensación alucinógena en mi vida: El salar de Uyuni y el Parque Nacional dos Lencois. Mirase para donde mirase iba a encontrar dunas y algo de vegetación. Las lagunas tenían agua dulce cristalina y podíamos tirarnos a nadar dentro. Era un verdadero paraíso.

Estando ahí no sabía que hacer. Me puse a caminar para un lado, caminar para el otro. Correr. Meterme al agua. Si saberlo me había agarrado una sensación de extasis que no podía dejar de moverme para comprobar que todo eso era cierto. Mi visión hacia el horizonte no llegaba a ver más que dunas. Me decían que a unos 5 km para adelante estaba el mar, pero era imposible verlo con la simple mirada.

Estuvimos varias horas por medio en entre las dunas caminando, bañandonos, tomando fotos y contemplando ese lugar sin desperdicio. Cuando llegué de nuevo al alojamiento en Barreirinhas estaba cansado, exhausto, con un dolor de cabeza terrible, pero no sabía de que. Posiblemente haya sido que mis ganas de conocer me hayan hecho gastar una energía que no tenía, y cuando terminó ese éxtasis mi cuerpo necesitó el descanso.

Volvía a Sao Luis y ya estaba pensando en Fortaleza. Me esperarían días de mar y arena en las interminables playas de Jericoacora. Pero eso ya es otra historia.

Si se quedaron con ganas de sentirse entre las dudas les dejo esta bellísima pelicula filmada entre medio de Lencois.

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