El arte de caminar

Viajaba a la costa con el auto y en medio de lo que para mi parecía el medio del campo, vi a lo lejos un punto, que cuando me acerqué con el auto me dí cuenta que era un hombre caminando con un bastón. Un caminante…

Me parece que intenté varias veces escribir sobre el arte de caminar, pero el intento quedó guardado ahí, entre tantos words que nunca vieron la luz, como anotaciones viejas de un cuaderno al que dejamos abandonado entre nuestros apuntes viejos de cuadernos de Universidad.  Ahora hubo varias señales de volver a traer a mi mente el tema, así que aquí arranco nuevamente.

“Dentro de este entorno que aspira a la síntesis funcional y acelerada de la vida, tal vez el acto de mayor subversión cultural, al menos dentro de un plano poético, sea el de caminar a la deriva.Caminar podría traducirse como el no tener la solvencia económica para moverte de otra forma (una afrenta contra la ‘evolución financiera’ de la especie), no tener prisa para llegar a tu destino (un insulto contra la noción de producir y ser eficiente), y obviamente remite a un modelo de transporte que está lejos de la funcionalidad del automóvil, la practicidad del transporte público o el coolness de la bicicleta. En cuanto a la otra variable, el “sin destino”, se trata de un franco agravio contra todos estos valores culturales, tan radical que incluso podría calificar como un absurdo. (extraído de PijamaSurf.com, (http://pijamasurf.com/2014/05/caminar-sin-rumbo-un-arte-en-peligro-de-extincion/).

“Sobre todo, no pierdas tu deseo de caminar; yo mismo camino diariamente hasta alcanzar un estado de bienestar y al hacerlo me alejo de toda enfermedad. Caminando he tomado contacto con mis mejores ideas, y no conozco ningún pensamiento cuya naturaleza sea tan abrumadora como para que uno no pueda distanciarse de él andando.”

Søren Aabye Kierkegaard Filósofo danés, 1813-1855

Caminar (Thoreau).

Les paso una extracción de este maravilloso relato;

En el curso de mi vida me he encontrado sólo con una o dos personas que comprendiesen el arte de Caminar, esto es, de andar a pie; que tuvieran el don, por expresarlo así, de sauntering [deambular]: término de hermosa etimología, que proviene de “persona ociosa que vagaba en la Edad Media por el campo y pedía limosna so pretexto de encaminarse à la Sainte Terre”, a Tierra Santa; de tanto oírselo, los niños gritaban: “Va a Sainte Terre”: de ahí, saunterer, peregrino. Quienes en su caminar nunca se dirigen a Tierra Santa, como aparentan, serán, en efecto, meros holgazanes, simples vagos; pero los que se encaminan allá son saunterers en el buen sentido del término, el que yo le doy.— Hay, sin embargo, quienes suponen que la palabra procede de sans terre, sin tierra u hogar, lo que, en una interpretación positiva querría decir que no tiene un hogar concreto, pero se siente en casa en todas partes por igual. Porque éste es el secreto de un deambular logrado. Quien nunca se mueve de casa puede ser el mayor de los perezosos; pero el saunterer, en el recto sentido, no lo es más que el río serpenteante que busca con diligencia y sin descanso el camino más directo al mar. Sin embargo, yo prefiero la primera etimología, que en realidad es la más probable. Porque cada caminata es una especie de cruzada, que algún Pedro el Ermitaño predica en nuestro interior para que nos pongamos en marcha y reconquistemos de las manos de los infieles esta Tierra Santa.

El camino de Santiago:

De viaje por el País Vasco me encontré con carteles que anunciaban que por ahí pasaba el camino de Santiago, y ni sabía que era. Después me enteré que es un camino real y  que viene desde muchos lugares del mundo, pero principalmente desde Europa, y que sirve como peregrinación hasta Santiago de Compostela, España, para venerar al apostol Santiago, el mayor. Nació en la Edad Media, y ahora se le estaba dando nuevamente empuje para reavivarlo. En mi camino por esas tierras vi un par de caminantes yendo hacia su destino. Hace poco supe que había una película dedicada al camino de Santiago, que se llamó “The Way”. La pelicula es buenísimo, emotiva, y por lo tanto, muy recomendable.

Peregrinación a Lujan con amigos:

Si el camino de Santiago es conocido en España, probablemente la peregrinación más conocida en Argentina sea la realizada desde Buenos Aires a Luján, para venerar a la virgen de Luján. Muchos argentinos hacen promesas, y caminan unos 60 km hasta Luján como una muestra de fe. Yo no soy el católico modelo del que cualquier sacerdote estaría contento, pero igual acompañé a mis amigos hasta Lujan cuando era adolescente, y es una experiencia hermosa que recuerdo con una sonrisa. Los últimos kilómetros ya no podía más, pero por una cuestión de fe, de seguir, de acompañar al resto o por algún motivo, logré llegar a la iglesia, acompañado por un bastón, claro. Igual veía pasar mucho más rápido a las mujeres de edad avanzada, que mucho más creyentes que yo, se acercaban hasta su virgen para agradecer.

Hace unos años volví a hacer el camino a Luján con mi novia, no una vez, sino ya dos veces más. Siempre es un buen momento para volver a ir.

Keep Walking (Jhonny Walker)

Caminar por Machu Pichu:

Otro viaje con amigos e inolvidable. En el año 2001 salimos sin porteadores ni nada desde el km 88 hasta Machu Pichu, y la verdad es que costó bastante, principalmente el primer día (supongo que sería porque todavía me duraba la borrachera en un bar de Cuzco).  Mientras uno camina durante todo el día es impresionante como se aclara la mente y salen ideas y pensamientos estremecedores.

Caminar a mi trabajo todos los días:

Desde Constitución me resulta ya un placer recorrer las 13 cuadras a mi trabajo, entre verdulerías que renuevan sus colores, panaderías con olor a facturitas recién horneadas, y gente empezando el día. Una caminata rutinaría y agradable.

Un video que me marcó. Richard Ashcroft caminando con gesto duro y llevándose puesto a todo lo que haya a su alrededor, y una canción sinfónica agridulce de fondo.

Caminando desde la cancha de Obras hasta Constitución para un recital de los Fabulosos (creo).

Tengo un recuerdo que no se si es del todo real, pero como historia esta buena, y como dice una gran frase que tengo de cabecera, “Impidamos que la verdad se interponga ante una buena historia!”. La cuestión es que con mis amigos fuimos a ver un recital de los Fabulosos a Obras, y como había muchísima gente a la salida para esperar en las paradas de bondis (colectivos, buses, omnibus), seguimos caminando porque la noche estaba buenísima y la cerveza también. A unas 20 cuadras del estadio ya era fácil poder subirse a un bondi, pero igual lo que ahora estaba bueno era la charla que se estaba dando, así que para no arruinar el momento seguimos caminando. Entre una cosa y otra llegamos a Tipo Callao y Santa Fe… zarpado lo que habíamos caminado. Ahi ya estábamos un toque cansados, pero como no teníamos absolutamente nada que hacer al otro día, la seguimos a Constitución para el primer tren que salía a las 4 de la mañana, y de ahí a Banfield y Lomas. De más está decir que al otro día dormí como un duque y ni se a que hora me levanté.

Otro hermoso video de un caminante por una playa.

Caminar por el bosque o la selva, y por qué no, perderse.

No hay nada más lindo que los senderos en la naturaleza, y caminar siguiendo sonidos, colores, o porque no carteles que indiquen otro hermoso lugar…

“Si a esa caminata, llenándote de la medicina verde de los valles y árboles que respiras, le sumas un momento de meditación (sobre alguna roca especial, al lado de un árbol en flor o tocado por los rayos del Sol) entonces, amigo, tienes ahí una infalible receta para combatir el trajín cotidiano que te deprime y salirte de los confines de la maquinaria opresora de la urbe de concreto que llevas contigo en la mente.” Extraído de PijamaSurf.com, sobre salir a caminar por el bosque acompañado (http://pijamasurf.com/2014/11/por-que-salir-a-caminar-con-tus-amigos-al-bosque-es-lo-mejor-que-puedes-hacer-para-tu-salud/).

“Caminábamos sin buscarnos, pero sabiendo que caminábamos para encontrarnos”

Rayuela, Julio Cortazar

Caminar sin rumbo fijo, solo por el arte de caminar, esperando que algo te de un indicio de que hacer.

Muchas veces salgo abrumado del trabajo y necesito la caminata para relajar la cabeza. Y aveces cuando ando por el medio del centro solo elijo caminar, sin saber a donde voy a llegar, hasta que me encuentro con algo que me atrae, como una librería, un café, un centro cultural o lo que sea, y decido que es tiempo de descansar. Aveces ese caminar sin rumbo fijo  se topa con el buen “ir” de una linda muchacha, entonces la caminata cobra un mayor interés… hasta que ese buen “ir” dobla para algún lado que no es el nuestro, y la caminata vuelve a ser lo que era antes. O sino son esos escasos segundos en el “venir” de la muchacha que viene de frente, donde el juego de miradas y desviaciones de miradas se vuelve todo un juego de desafíos. Y así seguimos… caminando… con auriculares escuchando un tango por San Telmo… un buen jazz en la noche porteña rumbo al bondi… o sin auriculares, solo escuchando al sonido de nuestra cabeza, o el de la naturaleza. Creo que de más está decir que el sonido que más disfruto es el del sonido de las olas de mar, a un costado de mi y de mi acompañante.

“Caminar y escribir parecen estar inextricablemente ligados, como dos procesos paralelos que forman una continuidad entre la mente y el cuerpo. No sólo caminar por el bosque y encontrar ese sosiego para el alma o esa medicina verde de las plantas que da paz a la mente a través de la mirada; también caminar por las ciudades y entablar una relación con los relatos ocultos de todas las personas que aparecen en nuestro camino (que se convierte un teatro mental, un laberinto que se desenreda escribiendo)”. Extraído de Pijama Surf, sobre el porque el caminar nos ayuda a pensar mejor (http://pijamasurf.com/2014/09/por-que-caminar-nos-ayuda-a-pensar-mejor/).

 “Caminante son tus huellas, el camino y nada más. Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.  

Antonio Machado

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