El arte de andar en bici

Comencé mi relación con las bicis en esas bicis que se doblaban,  con mi abuela empujándome desde atrás, hasta que me largaba y yo seguía solo unos pocos metros más, hasta me el viaje terminara en el piso, porque no sabía ni doblar ni frenar la bici. Después me convertí en un bicivolador, influenciado por la excelente película en donde el malo le perdonaba el error al bueno, y prácticamente lo dejaba ganar.   Recuerdo haber querido bajar unas escaleras de unos 30 escalones con la bici, y haber podido con los 20 primeros escalones, pero no con los otros 10, que se convirtieron en lastimaduras en todo mi cuerpo. 

 Pasaron varias bicis; mountain bikes, playeras, y hasta bicicleta de mujer (de mi hermana cuando me robaron mi playera y yo no tenía ninguna bici para usar).  Hace unos años hice una excelente inversión y me compre una bici inglesa, de las simil viejas, y desde entonces recorro mi barrio con dos ruedas a puro placer.

 Y siempre que viajo trato de apoderarme de una bici para recorrer el lugar. En Talampaya es una excelente oportunidad para experimientar con la bici, entre medio de paredones gigantes que te devuelven el eco.  En Laos el alquiler de la bici era de un dólar el dia, y de ahí podías ir a recorrer las cercanías, y podías tener un contacto mucho más cercano y real con la gente del lugar. Una cosa es que se bajen 30 turistas de un bondi con cámaras y otra es que venga un chico en una bicicleta y se quiera acercar a conocer el pueblo.

 Camboya también ofece el escenario ideal para la bici; las ruinas de  Angkor son las más extensas del mundo, y se disfruta de una manera sin igual arriba de un rodado. Eso si, a hidratarse y comer frutas, porque de los 40 grados no zafa nadie.

El Caribe sur de Costa Rica y Panamá también nos ofreció la posibilidad de conocerlo en dos ruedas. Con May alquilamos unas bicis y conos recorrimos unas playas increíbles como Cocles, Punta Uva y Arrecife. La combinación bici-playa- sol sencillamente es perfecta.  Andar en bici y en Longboard es moneda corriente en las principales ciudades de Europa. En Barcelona por ejemplo es increíble ver su uso. Una chica con pollera, tacos y camisita deja la bici para caminar sus últimos metros hasta el trabajo.  Por la noche también andan por todos lados, y para ir de barrio en barrio podés ver a grupitos de amigos, o gente trasladándose con las bicis rojas que ofrece la ciudad. La costanera se llena de bikes durante la tarde, yendo un un lado a otro.

En Tulum también tengo hermosos recuerdos en bicicleta. Para ir a los cenotes o a la playa, era mucho más lindo ir en bici que en otra cosa. Los buses no pasaban nunca, caminando era muy lejos, y tomarse un táxi no era rentable. Además por suerte había bicisendas para ir desde el centro de Tulum a las playas. Eran aproximadamente unos 5 km, pero se hacían con mucho gusto porque los caminos eran lindos para andar.

Conozco gente como el chaqueño, mi amigo, que recorrió latinomérica en bici, una experiencia increíble e inolvidable, y que de segura graba fuego imágenes del camino que nunca más se borran de nuestra mente.

Hoy trato de disfrutar de la bici cada vez que puedo, con paseos cortos a las plazas, con visitas a lo de mi familia. Pocas cosas me dan esa sensación de alegría y felicidad mientras me traslado como lo es un paseo en bici. Después de todo, sigo sosteniendo que la belleza esta en lo simple, en lo esencial, solo hay que entenderlo y saberlo apreciar.

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