Historias de camping en los 90

Yendo para el campo con el auto, pasé por Lobos, un pueblo con Laguna, y mi cabeza retrocedió a los tiempos en que recién salíamos con nuestras mochilas gigantes y toda la inexperiencia encima.  Recordé la anécdota de Monte, un pueblo a la misma distancia que Lobos, solo que en vez de tomar la 205 desde Cañuelas, se toma la Ruta Nacional 3, la misma que si seguís derecho sin parar llegas al fin del continente Americano.

Monte

  La cosa que después de unos cuantos días ahí en el camping, nuestra plata y municiones se habían agotado, así que había que pedir o sacar alimento de la galera.  Y justo el camping había organizado una competencia de bici y corrida alrededor de la laguna, unos 10 km aproximadamente. El premio era una canasta con alimentos, oro en polvo para nosotros. Se inscribió mi hermano y Guille, otro amigo. Como en ese momento nuestro estado atlético era bastante respetable, mi hermano no tuvo problema en ganar la competencia, así que nos quedamos unos días más comiendo el alimento que ganamos, porque además lo del camping que sabían nuestra escasa situación económica nos dijeron que no había problema en dejarnos unos días más sin cobrarnos.

General Belgrano

Nuestra primera experiencia de camping fue en Villa Gral. Belgrano. Eran cómo ciento y pico de kilómetros, pero teníamos la suerte de que un bondi que tomábamos a 5 cuadras de casa nos dejaba en el pueblo; el famoso y a veces odiado Cañuelas. Fueron como una semana que pasamos en el camping de Gral Belgrano, comiendo arroz a la mañana y fideos a la noche, y al otro día fideos a la mañana y arroz a la noche. Un par de veces tuvimos en lujo de combinarlo con unas latas jardineras, y en otras ocasiones con unas salsas de tomate. El queso rallado era un lujo y la verdad que escaseaba en las comidas. Pero sin duda la estrella de ese primer viaje fueron las Chocolinas. Con 14 o 15 años a cuestas, lo único que no podía faltar eran cosas dulces, así que el equipo encargado de comprar víveres dispuso de casi todo el presupuesto que disponíamos en la compra de una caja de Chocolinas de cómo 5 kilos, como para que no falte. Uno se encargaba de llevar la carpa canadiense que pesaba una tonelada, otro las estacas y los caños que pesaban otra tonelada, y otro se encargaba exclusivamente de cargar y custodiar la caja de chocolinas.  Después de ese viaje prometí no comer nunca más chocolinas en mi vida. Claro está, la chocotorta no figura dentro de mis postres favoritos. Otro gran aliado fue un licor de Mariposa, terriblemente dulce, pero que servía para entonar las noches cantado “todos los caballos blancos” que el maestro Kun tocaba con su guitarra.

Azul

 Recuerdo los días de camping en Azul porque fue la primera vez que fui mis amigos, pero también con otras chicas y una novia de camping. Fueron los primeros amores. Esa vez fueron mis amigos de siempre, pero también Erica, que es la actual pareja de Gaston y con la que tiene dos hijos, Daniela, y Mariana, la que en ese momento era mi novia. Esas cosas nunca se olvidan. Fueron unas vacaciones de invierno, hubo días lindos, pero también hizo muchísimo frío y nosotros como siempre íbamos con lo que teníamos a mano. Ni siquiera teníamos aislante para separarnos del frío y la humedad de la tierra. Solo usábamos diarios, y ya después la bolsa de dormir. Creo que nunca pasé tanto frío como la última noche. Se hacía imposible dormir cuando el frío venía desde la tierra. Habíamos hecho un fuego para calentarnos y yo trataba de mantenerme cerca para calentar el cuerpo. Fuimos y volvimos en tren, pero no en cabina especial ni mucho menos. La vuelta tuvimos que esperar el tren que llegaba a eso de las 4 de la mañana a la estación. En las estaciones en las que no son cabecera, uno tiene que estar preparado para el tren, porque entre que llega y se va solo son un par de minutos. Si no lo agarraste, perdiste.  Tengo un recuerdo muy fuerte de todos nosotros pegados unos a otros en un vagón del tren a la madrugada para protegernos del frío. A pesar del frío y todo, creo que fue uno de los viajes en camping que más lindos recuerdos tengo.

Chascomus

Uno de mis últimos campings fue a Chascomús, a 110 km de Buenos Aires. La verdad es que la vida de camping tenía sus cosas buenas, como el permanente contacto con la naturaleza, pero también se me hacía bastante incómodo. El abuelo era el que más se copaba a la hora de prender el fuego. Menos mal, porque la verdad es que yo era muy malo para esas cosas. Sentía que la carpa y ese tipo de vida no era lo más cómodo del mundo para descansar, por lo general me sentía sucio, y los baños la mayoría de las veces dejaban muchísimo que desear, cuando los había, porque en algunos baños el agua caliente estaba reservada para ciertas horas y bañarse representaba todo un lujo.  Con el tiempo fuimos cambiando ir de camping por ir a una casa en la costa, algo que se me hizo muchísimo más cómodo y a gusto.

Gualegauychú

 También fuimos de camping las veces que fuimos al carnaval de Gualeguaychú. Los dos campings de Gualeguaychú (Solar del este y Ñandubaysal) eran pura fiesta y a toda hora había ruido y mucha gente, pero aún así casi que no tuve problemas para dormir esos días de camping, porque las temperaturas agradables y el cansancio con el que nos íbamos a dormir hacía que podamos dormir casi en cualquier parte. Los baños dejaban bastante que desear, pero bueno, era entendible con la cantidad de gente que había por esos días de carnaval.

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