Viaje a Mendoza y Chile

Cada vez somos menos, pero no por eso los viajes son peores. Esta vez los que viajamos fuimos solo dos, el abuelo y yo, y a pesar de que la cosa empezó un desastre, por suerte continuó luego cada vez mejor. Todo comenzó un lunes 13 de enero de 2003 en Retiro, con un TAC (terrible pesadilla) rumbo a Mendoza city, sin aire acondicionado, pero con ganas de disfrutar a pleno.

 El martes 14 llegamos y todo fue confusión; Quisimos ir a Potrerillos, pero le pifiamos el horario, fuimos a Tupungato pero no nos gustó (no se veía el Volcan Tupungato), por lo tanto nos volvimos, y terminamos en el Challao, en las afueras de la ciudad de Mendoza, en el Camping Suizo. Para todo esto habíamos cambiado como tres veces nuestro pasaje a Chile del viernes. Y nuestra entrada al camping no fue del todo triunfal. Llegamos con el único diluvio que encontramos en todo el viaje, y armamos la carpa como pudimos. El miércoles 15 la cosa fue mejorando; primero fuimos a la Bodega “La rural”, donde hacen el San Felipe y Pequeña Vasija, y luego terminamos el recorrido en las cavas del Conde, probando la copa de nosotros, el de los otros, el de los turistas, el blanco, el tinto, el fino; todos.  Y así fue como salimos de la bodega, borrachines por el vino, con una ayuda de unas cervezas que nos habíamos tomado en el camino.

 El jueves 15 fue otro tropiezo; queriendo ir al Puente del Inca, terminamos en las termas de Cacheuta, un lugar lindo visualmente, con piletas por todos lados y una visión linda, pero nada más. Para el viernes todo fue viaje desde Mendoza a Viña, en viaje de no menos de 12 hs, gracias a que (otra vez TAC) se le rompieron los frenos al micro, y estuvimos 3 horas recorriendo nada en Uspallata. Felizmente llegamos a Viña, donde Paulita y Sole nos esperaban desde hacia rato. A partir de ahí el abuelo y yo tuvimos alojamiento, comida todo, por lo que el costo de nuestra estadía en Viña no supero los 40 dólares (casi todos en cerveza).  El sábado conocimos las playas de Reñaca, muy Vip, muy Pinamar, y sin saberlo nos fuimos caminando a un lugar para no ver el atardecer por una cuestion de Bahias. Y por la noche la hicimos bastante buena; un litro y medio de cerveza Escudo por cabeza y después al Playa, donde nos esperaban ¾ de Escudo más. Resultado: dos litros de Cerveza encima. Para el domingo la Paulita hizo de guía turística por Valparaíso, incluyendo historias propias dentro de esta mística, rustica y artística ciudad de Neruda; un estilo de Caminito, pero en la Vertical, en posición tipo favelas de Brasil. El lunes de tocó el turno a la Sole; primero fuimos a su pileta donde enseñaba en Quilpue, luego nos agasajó con una comidita en su casa y finalmente se despachó con una visita guiada a la quinta de Vergara, donde se hace el festival de Viña. El miércoles nos quedamos toda la tarde en Reñaca y sus playas comiendo sus empanadas de Camarones, hasta que tocó irnos a la terminal para ir de regreso a la Argentina.

 De pronto llegamos a San Rafael. Estabamos en la terminal y no sabíamos a donde disparar, porque no habia bondis a esa hora de la noche. Por suerte conseguimos un alojamiento (Residencial San Rafael) hasta el viernes, día que llegamos a Valle grande, al camping Condolí, cerca del dique 4, según indicaciones de un mapa de Guille, al que encontramos recién a la noche.  El estaba de “luna de miel”, con Anabella, (su novia), hasta que el abuelo y yo le cortamos la intimidad. El sábado no hicimos mucho, solo caminamos hasta el lago del Dique, nadamos en el lago , vimos el atardecer en el lago, y al atardecer nos volvimos caminando a toda oscuridad por la ruta ( y por sus túneles). Como de costumbre, cuando uno nada termina hecho mierda, por lo que a la noche fue todo dormir.

Para variar, el domingo tampoco hicimos mucho, solo comer, tirarse al sol, leer, volver a tirarse, pero a la sombra, o tirarse al río, tirarse al pastito, y después descansar. Esa noche conocimos a Caro y CECI, de Tigre y El talar, pero parecian chetas pero solo en ciertas ocasiones. El lunes 27 de enero nos fuimos a andar en canoa, espectacular, en medio de un Valle muy bello, un cañón muy  pronunciado y un color verde en el agua, que era para pasársela nadando. En esa tarde tuve la oportunidad de tirarme de una roca al lago desde unos 7 metros de altura: increíble. Luego nos quedamos viendo un atardecer sin muchas novedades, tomando unos licuados en La barra, el lugar frente al lago, que estaba bastante bueno.

Para el martes 28 la onda fue hacer cool river, una especie de rafting personal con una goma de camión, patas de rana y casco, nadando por todo el río. No fue gran cosa (era más emocionante tirarse sin nada) pero estuvo bueno. Ese día despedimos a Ceci y Caro, y después ya no queda mucho que contar de San Rafael, solo que a la noche volvimos a ir a la barra, especialmente porque queríamos tomar melancia, y porque Ruth nos habia prometido una cerveza.El miercoles 29 fue nuestro turno. Nos fuimos de Valle Grande a San Rafael los 4, y de ahí ya separamos rumbo; guille y Anabella se fueron para el sur y el abuelo y yo para el norte, a Mendoza city nuevamente. Y fue allí donde encontramos nuevamente a las chicas, en el Hotel Laser. El 30 de enero se volviò el abuelo y las chicas también. Yo me quedé unos cuantos días más por Mendoza y después me fui para el Cosquín Rock en Córdoba. Pero eso ya es otra historia.

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