Cabo Polonio

Enero de 2008 en cabo Polonio, día que amenazaba con ser de mierda, con lluvia y frío, por lo tanto no daba tanto para playa, pero si para recorrer la pequeña villa. Lo que contaré no fue un sueño, fue real, pero con las modificaciones que mi imaginación le pudo añadir  unos cuantos años después.

Llegué al pueblo luego de caminar 2 km de playa que separaban mi refugio de la civilización, y fui en busca de mis compañeras de viaje, Ana y Lucía, que habían alquilado 4 chapas al mismo precio que un hostel en Londres.

  Lucía, rellenita, judía, ojos celestes y pelo enrulado rubio. Ella hubiese querido que la caracterize como locutora también, así que lo pongo. Ana, flaca, hermosa por donde se la mire, ojos verdes, pelo castaño, judía, musica, cantante y con la habilidad y destreza para lo que se te pueda imaginar. Entre los tres íbamos en busca de un pan casero, y llegamos a la casa maya, donde nos dijeron que habían unos panes exquisitos, pero que a esa hora de la mañana estaban todas las ventanas y puertas cerradas. Cuando después de insistir un poco nos abrió la puerta un rastaman, me di cuenta la onda hippie que reinaba en el hogar. El pibe nos dijo que ese día no habían hecho pan, pero que nos invitaba a pasar, que ya iban a empezar a hacerlo. Entramos, y todo era silencio, colores y gente escondidas entre las sábanas durmiendo.

De un vistazo general pude suponer que eras 6 o 7, de sexo aún no definido. Mucho rasta, olor a incienso, y porque no admitirlo, a sucio o transpiración, pero que no llegaba a incomodar.

Stone Colors

El negro (nuestros negros, morochón tipo jugador de futbol) rastaman que nos atendió era el cocinero, y enseguida puso manos a la obra, mientras nosotros elegíamos un lugar para sentarnos y acomodarnos, tratando de no sentarnos arriba de ninguna perdona durmiendo.

Poco a poco, como si fueran duendes, empezaron a salir de sus escondites las personitas durmientes, y después de un buen despereza-miento comenzaban con lo que más tenias ganas de hacer en ese momento.

Uno enseguida agarró un bombo y empezó con una batucada unplugged. Ana lo miró y con un levantamiento de cejas le preguntó si no podía agarrar la guitarra que andaba por ahí.  Entonces ya teníamos  música, tranquila para ese momento. La música no tenía palabras, solo unos gemidos femeninos y masculinos, estilo Milton Nascimento, que se complementaban con el aire y la onda de la casa maya recién comenzando el día.

 Un tercer duende, pelo lacio, de una belleza casi femenina, pero con una estirpe masculina que enamoraba a toda mujer, dijo: A pintar! Y agarró crayones,  y un papel grande blanco, al cual le empezó a otorgar tonabilidad. 

La cuarta, después de tres hombres, fue una chica. Salió entre las sábanas que parecían ya vacías. Nunca hubiese dicho que había alguien ahí. Tenía un pequeño shorcito de jean, o lo que quedaba de él, porque eran más que nada hilos, y una muy visible pero sutil a la vez ropa interior negra.

Arriba, para decir que tenía puesto algo, usaba una musculosa del chico lindo, que todavía andaba en cueros dibujando. Como la chica no tenía muchos pechos que digamos, podía pasearse por la casa así como estaba, dejando toda su anatomía para el deleite de los presentes.

 Por último salió una parejita de una bolsa de dormir sobre un colchón en el suelo, que probablemente se acababan de levantar desde el momento en que a la madrugada, después de hacer el amor, habían caído en un profundo sueño.  Todo tenía ritmo musical, con olor a pan caliente, y ahí va el cocinero y se prende uno… a partir de ahí todo comenzó a tener colores fuertes, fosforescentes…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s