12 segundos de oscuridad

Gira el haz de luz 
para que se vea desde alta mar 
yo buscaba el rumbo de regreso 
sin quererlo encontrar 

Pie detrás de pie 
iba tras el pulso de claridad 
la noche cerrada, apenas se abría, 
se volvía a cerrar. 

Un faro quieto 
nada sería 
guía, mientras 
no deje de girar 
no es la luz 
lo que importa en verdad 
son los 12 segundos 
de oscuridad,

El Cabo Polonio es un lugar medio hippie chic, vamos a decir la verdad, bien agreste, con mucha naturaleza por descubrir, y con la particularidad de que el pueblo no tiene luz eléctrica, para conservar esa magia que se le otorga. Llegué al Polonio y me alojé en una Cabaña, a unos kilómetros alejado de lo que eran las casitas principales del Cabo. Es verdad que iba a relajarme, pero si quería comer o mirar algo más que la cabañita y el mar, debía caminar esos Kilómetros donde tenía unos conocidos, y si volvía de noche, debía hacerlo con cuidado porque en Cabo Polonio no hay luz, excepto una; la del Faro. Y cada 12 segundos. Al principio me asustó un poco esa idea de caminar solo por la oscuridad, por el temor que de haya algún avivado que quiera robarte en el camino, o que salga un monstruo del agua y me coma vivo. Pero también si estaba la posibilidad del monstruo existía la posibilidad de que aparezca una sirena y que nos vayamos juntos por el mar. En fin, mi cabeza un poco que volaba por esos días.

 La cuestión es que para no ir solo fui en compañía de mi mp3 que en ese momento era como si tuviera un Ipad generación 2024, y unos auriculares, y me fui eligiendo discos que había llevado para la ocasión. El primero que elegí, ooooooobvio, fue “Dark side of the moon”, porque esos primeros días estábamos sin luna, asi que la noche era de una oscuridad total. El haz de luz cada 12 segundos me servía para seguir derecho entre la arena mojada y el mar. Si me iba para la arena seca, el camino se me empezaba a hacer más pesado, y si me iba para el mar, me daba cuenta porque terminaba con unas olas sobre mí. Después le siguieron un disco de Silvio, otro de Pearl Jam, y no me acuerdo que más. Y también caminaba en el más puro silencio. Una linda sensación para autoanalizarse.

  A medida que fueron pasando los días fui tomando más confianza con el camino, lo fui conociendo, y además la luna cada vez estaba más grande, asi que iluminaba más. Llegó el día de luna llena y yo sentía que era de día en medio de esa oscuridad ya amigada conmigo.

 Nunca le di tanta importancia a la luna y al sol como en ese viaje. Creo que fueron claves para aprender de los astros, los dioses, y de la grandeza, la belleza, y la simpleza de la vida. Mis respetos a ellos y nuestra madre naturaleza.

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